
Oración de Protección y Liberación
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Súplica a la Santísima Trinidad
Oh, Dios Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, postrado humildemente ante Vuestra Divina Majestad, os adoro, os alabo y os bendigo. Os doy gracias por todos los beneficios que me habéis concedido, especialmente por haberme creado, redimido y llamado a la fe católica. En esta hora de tribulación, acudo a Vos, fuente de todo poder y de toda misericordia, buscando refugio y amparo contra las asechanzas del enemigo de mi alma.
Invocación a Jesucristo, Nuestro Salvador
Señor Jesucristo, Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, por Vuestra Preciosísima Sangre derramada en la Cruz para nuestra redención, os ruego que me lavéis, me purifiquéis y me liberéis de toda atadura del mal. Cubridme con Vuestra Sangre, sellad mi mente, mi corazón, mi cuerpo y mi espíritu. Que ninguna fuerza maligna pueda dañarme, pues estoy bajo la protección de Vuestro Santísimo Nombre, ante el cual toda rodilla se dobla en el cielo, en la tierra y en los abismos.
Intercesión de la Santísima Virgen María
Augusta Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles, a Vos que desde el principio habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de Satanás, humildemente os suplicamos que enviéis vuestras legiones santas para que, bajo vuestras órdenes y por vuestro poder, persigan a los demonios, los combatan en todas partes, repriman su audacia y los arrojen al abismo.
¡Oh, buena y tierna Madre, Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza!
¡Oh, Madre de Dios, enviad a los Santos Ángeles para defenderme y rechazar lejos de mí al cruel enemigo!
Auxilio de San Miguel Arcángel
Gloriosísimo Príncipe de la milicia celestial, San Miguel Arcángel, defendednos en la lucha que mantenemos contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires. Venid en auxilio de los hombres que Dios hizo a su imagen y semejanza, y rescató a gran precio de la tiranía del demonio. Protegedme de todas las insidias del diablo, y haced que, libre de todo mal, pueda servir a mi Señor con un corazón puro y un cuerpo casto. Amén.
A los Santos Ángeles Custodios
Santo Ángel de mi guarda, mi amado protector, a quien la piedad divina me ha encomendado, iluminadme, guardadme, regidme y gobernadme en este día y en toda mi vida. Defendedme de los lazos del enemigo y asistidme en la hora de mi muerte. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Contexte Historique
Las oraciones de protección y liberación se encuentran entre las más antiguas de la piedad cristiana, hallando sus raíces en los Salmos del Antiguo Testamento y en las propias palabras de Nuestro Señor Jesucristo, quien nos enseñó a pedir al Padre: ‘líbranos del mal’. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha fomentado la devoción a los santos intercesores, especialmente a la Santísima Virgen María, bajo advocaciones como ‘Auxilio de los Cristianos’, y a San Miguel Arcángel, jefe de la milicia celestial y protector del pueblo de Dios. Estas plegarias son un arma espiritual para el fiel que, consciente de la batalla espiritual, busca el amparo divino contra las tentaciones, los peligros y la influencia del maligno en su vida cotidiana.
