
Acto de Consagración a la Inmaculada Concepción
¡Oh María Inmaculada, Reina del cielo y de la tierra, refugio de los pecadores y Madre nuestra amorosísima, a quien Dios quiso confiar la entera dispensación de su misericordia! Yo, indigno pecador, me postro a vuestros pies, suplicándoos humildemente que me aceptéis como cosa y posesión vuestra.
A Vos, oh Madre, ofrezco y dedico mi persona y todo mi ser; mi corazón, mi alma y mi cuerpo, con todos mis pensamientos, palabras y obras, todos mis gozos, trabajos y sufrimientos. Disponed de mí y de todo cuanto me pertenece, según vuestro beneplácito, para la mayor gloria de Dios, por los siglos de los siglos.
Haced que yo sea un instrumento apto en vuestras manos inmaculadas y misericordiosas para haceros conocer y amar de muchas almas, y para extender el reino del Corazón Sacratísimo de vuestro Hijo Jesús.
Dondequiera que Vos entráis, oh Inmaculada, obtenéis la gracia de la conversión y santificación, pues toda gracia que del Corazón de Jesús nos llega, por vuestras manos nos viene.
Concédeme, Señora, que yo os alabe, y dadme fortaleza contra vuestros enemigos.
Amén.
Contexte Historique
Este acto de consagración es una devoción privada por la cual un fiel se entrega enteramente a la Santísima Virgen María, bajo su título de Inmaculada Concepción, para pertenecer más perfectamente a Jesucristo por medio de Ella. Esta práctica, popularizada por santos como San Luis María Grignion de Montfort y San Maximiliano Kolbe, es un camino de santidad que reconoce a María como mediadora de todas las gracias y modelo de perfecta unión con la voluntad de Dios.
