
Prière Introductive
Oración para empezar cada día
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Oración Inicial
¡Oh, Virgen Dolorosísima, Reina de los Mártires! Vengo a vuestros pies a compadeceros de los acerbos dolores que sufristeis desde el pesebre hasta la Cruz. Me uno a Vos, Madre afligida, para meditar en las espadas que traspasaron vuestro Corazón Inmaculado, y para ofreceros el tributo de mi compasión y de mi amor. Aceptad esta santa novena que hago en vuestro honor, y alcanzadme de vuestro Divino Hijo las gracias que por vuestra intercesión imploro, si han de ser para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
Jour 1 : Primer Dolor: La profecía del anciano Simeón
Méditation
Consideremos el primer dolor que traspasó el Corazón de María, cuando en el Templo, el santo anciano Simeón, después de recibir en sus brazos al Niño Jesús, le profetizó: «Este Niño está puesto para ruina y para resurrección de muchos en Israel, y para señal de contradicción; y una espada traspasará tu misma alma». ¡Qué golpe tan cruel para el tierno Corazón de la Madre! ¡Qué amargura al oír semejante vaticinio! Desde aquel momento, la sombra de la Cruz se proyectó sobre su vida, y su alma vivió en un continuo martirio, aceptando con amor la voluntad del Padre para la redención del mundo.
Prière du jour
¡Oh, Madre Dolorosísima! Por la amargura que sentiste al oír la profecía de Simeón, te suplico me alcances la gracia de llevar con paciencia y resignación las cruces que Dios me envíe. Que, como tú, sepa yo unir mis sufrimientos a los de tu Divino Hijo, para mi santificación y la salvación de las almas. Amén.
(Rezar siete Avemarías en honor de los siete dolores)
Jour 2 : Segundo Dolor: La huida a Egipto
Méditation
Contemplemos el segundo dolor de la Santísima Virgen, cuando el Ángel le avisó en sueños a San José que el rey Herodes buscaba al Niño para matarle, y que debían huir a Egipto. ¡Qué angustia la de María al tener que emprender de noche un viaje tan largo y peligroso! Atravesar desiertos, buscar refugio en tierra extraña, entre idólatras, llevando consigo al Rey del Cielo, pobre y desterrado. Ella, que era Reina del mundo, se vio forzada al exilio, sufriendo la inclemencia del tiempo, la pobreza y el temor constante por la vida de su amado Hijo.
Prière du jour
¡Oh, Virgen Dolorosa! Por las fatigas y temores que padeciste en la huida a Egipto, te ruego que me protejas de los peligros del alma y del cuerpo. Alcánzame la gracia de desprenderme de los bienes terrenos y de vivir como peregrino en este mundo, anhelando siempre la patria celestial. Defiende a tu Iglesia de sus perseguidores y acoge a los exiliados y a los que sufren. Amén.
(Rezar siete Avemarías en honor de los siete dolores)
Jour 3 : Tercer Dolor: El Niño Jesús perdido en el Templo
Méditation
Meditemos el tercer dolor del Corazón de María, cuando, volviendo de Jerusalén, perdió a su Hijo Jesús, que se había quedado en el Templo. ¡Tres días de búsqueda angustiosa, de lágrimas y de zozobra! ¿Dónde estaría su Hijo? ¿Qué le habría sucedido? Cada instante de ausencia era una espada que se clavaba más hondo en su alma. Su Corazón de Madre no hallaba consuelo, hasta que finalmente lo encontró en el Templo, en medio de los doctores, ocupado en las cosas de su Padre. Aunque se alegró de hallarle, guardó en su corazón el dolor de aquella separación.
Prière du jour
¡Oh, Madre afligida! Por el dolor que sentiste al perder a tu Hijo, te pido por todos los que han perdido a Dios por el pecado. Alcánzales la gracia del arrepentimiento y de una sincera conversión. Y a mí, no permitas que jamás me separe de Jesús por la culpa, y si por desgracia cayere, ayúdame a buscarle con lágrimas hasta encontrarle de nuevo. Amén.
(Rezar siete Avemarías en honor de los siete dolores)
Jour 4 : Cuarto Dolor: María encuentra a Jesús con la Cruz a cuestas
Méditation
Consideremos el cuarto dolor de María, cuando encontró a su Hijo Jesús en la calle de la Amargura, cargando sobre sus hombros el pesado madero de la Cruz. Sus miradas se cruzaron, y en ellas se comunicaron todo el dolor de sus Corazones. ¡Qué espectáculo para una Madre ver a su Hijo desfigurado, coronado de espinas, cubierto de sangre y heridas, caminando hacia el patíbulo como un malhechor! Cada paso de Jesús era un nuevo martirio para María, cuyo Corazón sufría junto al Suyo, compartiendo su oprobio y su dolor redentor.
Prière du jour
¡Oh, Reina de los Mártires! Por el inmenso dolor que experimentaste al encontrar a Jesús camino del Calvario, te suplico me des fortaleza para llevar mi cruz de cada día con paciencia y amor. Que nunca me avergüence de seguir a Cristo, y que sepa acompañarle en el sufrimiento de mis hermanos. Amén.
(Rezar siete Avemarías en honor de los siete dolores)
Jour 5 : Quinto Dolor: La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor
Méditation
Contemplemos el quinto y más agudo dolor de la Virgen Santísima: ver a su Hijo Jesús clavado en la Cruz, agonizando durante tres horas en medio de tormentos inenarrables. Estuvo de pie, junto a la Cruz, oyendo sus últimas palabras, viendo correr su preciosísima Sangre, y compartiendo su sed y su abandono. Allí, al pie del madero, su Corazón fue crucificado con el de su Hijo, ofreciéndole al Eterno Padre por la salvación de todos los hombres. Y allí mismo la recibimos por Madre, en la persona del discípulo amado.
Prière du jour
¡Oh, Madre Corredentora! Por el martirio de tu Corazón al pie de la Cruz, te pido la gracia de un verdadero dolor de mis pecados, que fueron la causa de la Pasión de tu Hijo. Enséñame a morir a mí mismo y al mundo, para que viva sólo para Dios. Y en la hora de mi muerte, preséntame a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Amén.
(Rezar siete Avemarías en honor de los siete dolores)
Jour 6 : Sexto Dolor: María recibe en sus brazos el cuerpo de Jesús
Méditation
Meditemos el sexto dolor de María, cuando, después de la muerte de Jesús, recibió en su regazo su cuerpo destrozado y sin vida, bajado de la Cruz. ¡Qué escena de piedad y amargura! Aquel cuerpo que Ella había formado en sus entrañas, que había acunado y alimentado, ahora lo veía yerto, cubierto de heridas, traspasado por la lanza. Contempló una a una las llagas, besó aquel rostro pálido y ensangrentado, y unió sus lágrimas a la sangre que aún manaba de su costado abierto. Su dolor fue un mar sin fondo de amargura.
Prière du jour
¡Oh, Virgen de la Piedad! Por el dolor que sentiste al recibir en tus brazos el cuerpo inánime de tu Hijo, te encomiendo a todos los que lloran la muerte de sus seres queridos. Sé su consuelo y su esperanza. Y a mí, alcánzame la gracia de recibir con amor el cuerpo de Cristo en la Sagrada Eucaristía, y de morir un día en tus brazos maternales. Amén.
(Rezar siete Avemarías en honor de los siete dolores)
Jour 7 : Séptimo Dolor: La sepultura de Jesús y la soledad de María
Méditation
Contemplemos el séptimo y último dolor de la Santísima Virgen, al dar sepultura al cuerpo sagrado de su Hijo. Acompañó el cortejo fúnebre hasta el sepulcro nuevo, y vio cómo una pesada losa cerraba la entrada, ocultando a sus ojos el tesoro de su corazón. ¡Qué soledad tan inmensa! Volvió a su casa con el alma sumida en la más profunda desolación, pero con una fe inquebrantable en la promesa de la Resurrección. Su dolor se unía a la esperanza, esperando el alba del tercer día.
Prière du jour
¡Oh, Madre de la Soledad! Por la amargura que llenó tu Corazón al sepultar a Jesús, te ruego que me asistas en la hora de mi muerte. No me abandones en ese trance supremo. Que tu presencia me conforte y me defienda del enemigo. Y que, por los méritos de tus dolores, mi alma, al salir de este mundo, sea llevada por los ángeles a la gloria para ver a tu Hijo resucitado y gozar de tu compañía por toda la eternidad. Amén.
(Rezar siete Avemarías en honor de los siete dolores)
Jour 8 : Día Octavo: La Compasión de la Santísima Virgen
Méditation
En este octavo día, unimos todos los dolores de María en una sola meditación sobre su Compasión. Su sufrimiento no fue el de una mera espectadora, sino el de una Madre unida íntimamente a la Pasión de su Hijo. Cada golpe, cada espina, cada insulto que recibía Jesús, resonaba en el Corazón de María. Ella fue, como dice la Iglesia, Corredentora del género humano, ofreciendo su dolor en unión perfecta con el sacrificio de Cristo. Su martirio fue un martirio de amor, más cruel que cualquier tormento físico, pues lo sufrió en el alma, que es de naturaleza más noble que el cuerpo.
Prière du jour
¡Oh, Corazón compasivo de María! Enséñame a tener compasión de los sufrimientos de Cristo, que continúan en su Cuerpo Místico, la Iglesia. Dame un corazón sensible al dolor de mis hermanos, para que sepa consolar, ayudar y acompañar a los que sufren. Que, imitando tu compasión, merezca un día escuchar de labios de tu Hijo: «Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, estuve enfermo y me visitasteis». Amén.
(Rezar siete Avemarías en honor de los siete dolores)
Jour 9 : Día Noveno: María, Reina de los Mártires
Méditation
En el último día de nuestra novena, contemplemos la gloria que la Santísima Virgen mereció por sus dolores. Si grande fue su sufrimiento en la tierra, inmensa es su exaltación en el Cielo. Ella es la Reina de los Mártires, coronada no sólo por su virginidad y su maternidad divina, sino también por la constancia heroica con que soportó el martirio de su Corazón. Sus dolores se han convertido en gozo eterno, y sus lágrimas en perlas preciosísimas de su corona. Desde el Cielo, Ella nos muestra que el camino de la cruz es el camino de la gloria, y que los que siembran con lágrimas, cosecharán con alegría.
Prière du jour
¡Oh, Reina de los Mártires y consuelo de los afligidos! Al terminar esta santa novena, me postro a tus pies para darte gracias por haberme permitido meditar en tus dolores. Te ofrezco mis pobres obsequios y te pido la gracia de la perseverancia final. Que por los méritos de tu Corazón Doloroso e Inmaculado, yo pueda vivir y morir en el amor de Dios, y alcanzar la gloria del Paraíso, donde contigo y con todos los santos, pueda alabar y bendecir a tu Hijo Jesucristo por los siglos de los siglos. Amén.
(Rezar siete Avemarías en honor de los siete dolores)
Prière Conclusive
Oración Final para cada día
¡Oh, Madre Dolorosísima!, vuestros dolores me enternecen el corazón y me llenan de compasión. Me arrepiento de haberlos renovado con mis pecados. Por el amor que profesáis a vuestro Hijo Jesús, y por la parte que tomasteis en su Pasión, os suplico me alcancéis un verdadero dolor de mis culpas, una enmienda sincera de mi vida, y una devoción tierna y constante a los padecimientos de Cristo y a vuestros propios dolores.
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente. Amén.
V. Ruega por nosotros, Virgen Dolorosísima.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Contexte Historique
Neuvaine structurée en 9 jours.
