
Oraciones para antes de una Operación Quirúrgica
Se recomienda rezar estas oraciones con fe y abandono a la Divina Providencia, poniendo la propia vida y la pericia de los médicos en las manos de Dios.
Acto de Contrición y Abandono
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Padre Eterno y Todopoderoso, en vuestras manos encomiendo mi cuerpo, mi alma y mi espíritu. Me abandono enteramente a vuestra santísima voluntad. No se haga mi querer, sino el vuestro. Si es vuestro deseo que recupere la salud, bendito seáis. Si es vuestro designio llamarme a Vos, bendito seáis también. En vuestras manos me pongo; hágase en mí según vuestra palabra.
Oración a Nuestro Señor Jesucristo, Médico Divino
Oh, amantísimo Jesús, que durante vuestra vida mortal mostrasteis tanta compasión por los que sufrían, y sanasteis a tantos enfermos con el solo toque de vuestras manos, heme aquí, vuestro siervo humilde, a punto de someterme a una operación que la ciencia humana juzga necesaria para mi salud.
Os ruego, Médico Divino, que guiéis las manos de los cirujanos y de todos los que les asisten. Iluminad su entendimiento, dadles certeza en sus juicios y precisión en sus movimientos, para que la intervención sea para vuestra gloria y el bien de mi alma y de mi cuerpo.
Calmad mi ansiedad, fortaleced mi espíritu y concededme la gracia de aceptar con paciencia cristiana los dolores y molestias que haya de sufrir, uniéndolos a los de vuestra Santísima Pasión. Que por los méritos de vuestra Sangre Preciosa, esta prueba me purifique y me acerque más a Vos. Amén.
Oración a la Santísima Virgen, Salud de los Enfermos
Oh, María Santísima, Madre de Misericordia y Salud de los Enfermos, a vuestros pies me postro para implorar vuestro maternal amparo. Vos que estuvisteis de pie junto a la Cruz de vuestro Hijo, conocéis el peso del dolor y de la angustia.
Os suplico, Madre piadosa, que me cubráis con vuestro manto en este momento de prueba. Interceded ante vuestro Hijo para que la operación sea exitosa y mi recuperación pronta. Sed mi consuelo en la aflicción, mi fortaleza en la debilidad y mi esperanza en la incertidumbre. Pongo en vuestras manos inmaculadas el cuidado de mi vida y de mi salud. Amén.
Invocación a San Lucas Evangelista y San Rafael Arcángel
Oh glorioso San Lucas, que fuisteis médico de los cuerpos y de las almas, y que en vuestro Evangelio proclamasteis la misericordia del Divino Samaritano; y vos, bienaventurado Arcángel San Rafael, medicina de Dios y guía seguro de los caminantes; a vosotros recurro con gran confianza.
Asistidme en esta hora, os ruego. Interceded por mí ante el trono del Altísimo para que, por vuestros méritos y ruegos, los médicos sean instrumentos hábiles de la Providencia Divina, y yo pueda, una vez recuperada la salud del cuerpo, servir a Dios con un alma más fervorosa y agradecida por el resto de mi vida. Amén.
Contexte Historique
Estas oraciones no constituyen un rito litúrgico fijo, sino que pertenecen al tesoro de la piedad popular católica. Desde antiguo, los fieles han buscado el auxilio divino ante los peligros de la vida, y muy especialmente ante la enfermedad y las intervenciones médicas, que siempre comportan un riesgo. La costumbre de encomendarse a Dios Padre, a Jesucristo como ‘Médico Divino’, a la Virgen María bajo la advocación de ‘Salud de los Enfermos’ y a santos patronos como San Lucas Evangelista (médico de profesión) o el Arcángel San Rafael (cuyo nombre significa ‘Medicina de Dios’), es una práctica tradicional que expresa la fe del cristiano en la Providencia divina, que gobierna todas las cosas, y su abandono confiado en la voluntad de Dios.
