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Novena de Combate Espiritual a San Miguel Arcángel

    Combatir - Illustration prière catholique

    Prière Introductive

    Oración inicial para cada día

    Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

    Acto de Contrición
    Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa, porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido, y propongo firmemente no pecar más y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.

    Invocación a San Miguel
    Oh gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas, guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los rebeldes espíritus infernales. Humildemente te rogamos, te dignes librar de todo mal a los que a ti recurrimos con confianza; que tu favor nos ampare, tu fortaleza nos defienda y que, mediante tu incomparable protección, adelantemos cada vez más en el servicio del Señor. Que tu virtud nos esfuerce todos los días de nuestra vida, especialmente en el trance de la muerte, para que, defendidos por tu poder del infernal dragón y de todas sus asechanzas, cuando salgamos de este mundo seamos presentados por ti, libres de toda culpa, ante la Divina Majestad. Amén.

    Jour 1 : Día Primero: El Príncipe de la Milicia Celestial

    Méditation

    Consideremos cómo San Miguel Arcángel es el Príncipe de la Milicia Celestial, elegido por Dios mismo para conducir a los ejércitos angélicos en la batalla contra Lucifer y sus secuaces. Su grito de guerra, «¿Quién como Dios?», fue un acto de suprema humildad y de ardiente amor, que confundió el orgullo del ángel rebelde. En nuestras propias batallas contra el orgullo, la vanidad y la autosuficiencia, acudamos a este invicto capitán, para que nos enseñe a poner a Dios en el primer lugar y a combatir valerosamente por su gloria.

    Prière du jour

    Oh gloriosísimo Príncipe San Miguel, que con vuestra humildad y celo confundisteis la soberbia del dragón infernal, alcanzadnos de Dios la gracia de una verdadera humildad de corazón, para que, reconociendo nuestra nada, podamos resistir al enemigo de nuestra alma y participar de vuestra victoria. Amén.


    Jour 2 : Día Segundo: Vencedor de Lucifer

    Méditation

    Meditemos hoy en la gran victoria de San Miguel sobre Lucifer. No fue una batalla de fuerza bruta, sino un combate espiritual donde la luz de la verdad divina triunfó sobre las tinieblas del engaño. Satanás prometía una falsa divinidad, una independencia de Dios que es la raíz de todo pecado. San Miguel, en cambio, defendió la soberanía y la bondad de nuestro Creador. Pidámosle que nos ayude a discernir las mentiras del demonio en nuestra vida cotidiana y a aferrarnos siempre a la verdad de Cristo.

    Prière du jour

    Invencible adalid del Cielo, San Miguel Arcángel, que arrojasteis del trono celestial al soberbio Lucifer, defendednos de sus astucias y engaños en este mundo. No permitáis que sus falsas promesas nos aparten del camino de la salvación, y haced que nuestra vida sea un continuo testimonio de la verdad que Vos defendisteis. Amén.


    Jour 3 : Día Tercero: Defensor de las almas

    Méditation

    La Santa Iglesia nos enseña que San Miguel Arcángel es el gran defensor de las almas, especialmente en el combate contra las tentaciones que nos asedian. El demonio, como león rugiente, busca a quién devorar, sembrando dudas, miedos y malos deseos en nuestro corazón. San Miguel es el escudo poderoso que Dios nos ha dado. Invoquémosle con confianza en los momentos de prueba, sabiendo que su auxilio es pronto y eficaz para todos los que se acogen a su patrocinio.

    Prière du jour

    Oh amantísimo custodio de las almas, San Miguel Arcángel, que veláis incesantemente por nuestra salvación, os suplicamos que nos asistáis con vuestro poder en todas las tentaciones. Cubridnos con vuestro escudo, defendednos con vuestra espada y no permitáis que jamás caigamos en las redes del enemigo. Amén.


    Jour 4 : Día Cuarto: Ángel de la Humildad y de la Paz

    Méditation

    El nombre de Miguel significa «¿Quién como Dios?», y es la antítesis del grito de soberbia de Satanás. Por ello, San Miguel es el Ángel de la Humildad. En un mundo que exalta el yo, el poder y el orgullo, la figura de San Miguel nos recuerda que la verdadera grandeza reside en el servicio a Dios y en el reconocimiento de nuestra condición de criaturas. La paz del alma se encuentra en esta humilde sumisión a la voluntad divina, la misma que el Arcángel defendió. Pidámosle un corazón humilde y manso, libre de toda soberbia.

    Prière du jour

    Esclarecido Arcángel San Miguel, modelo perfectísimo de humildad, alcanzadnos del Señor la gracia de aborrecer toda soberbia y vanagloria. Enseñadnos a ser pequeños ante Dios para que Él sea grande en nosotros, y así, libres de las ataduras del egoísmo, podamos gozar de la verdadera paz que solo se halla en el servicio a nuestro Creador. Amén.


    Jour 5 : Día Quinto: Fortaleza en la tentación

    Méditation

    La vida del cristiano es una milicia, un combate continuo contra las pasiones desordenadas, el mundo y el demonio. En esta lucha, a menudo nos sentimos débiles y a punto de sucumbir. San Miguel Arcángel es la fortaleza de los que combaten. Su presencia nos infunde valor, robustece nuestra voluntad y nos recuerda que no estamos solos. Con su ayuda, la flaqueza se convierte en fuerza, y el temor en santa audacia para confesar la fe y vivir según la ley de Dios.

    Prière du jour

    Oh San Miguel, fortaleza de los que luchan por el Reino de Dios, venid en auxilio de nuestra debilidad. Cuando la tentación nos oprima y las fuerzas nos falten, sed nuestro amparo y nuestra fuerza. Infundid en nuestra alma un valor invencible para perseverar en el bien hasta el fin de nuestros días. Amén.


    Jour 6 : Día Sexto: Custodio de la Santa Iglesia

    Méditation

    Desde los albores del cristianismo, la Iglesia ha venerado a San Miguel como su especial protector. Así como defendió al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, ahora custodia a la Esposa de Cristo de los ataques de sus enemigos, tanto visibles como invisibles. En estos tiempos de confusión y de ataques a la fe, es más necesario que nunca implorar la protección de este gran Arcángel sobre el Santo Padre, los obispos, los sacerdotes y todos los fieles, para que la Iglesia permanezca firme e inquebrantable.

    Prière du jour

    Fidelísimo custodio de la Iglesia de Cristo, San Miguel Arcángel, defendedla de todas las asechanzas de sus enemigos. Proteged al Sumo Pontífice y a todo el cuerpo eclesiástico. Conceded a los fieles la gracia de la unidad en la caridad y la firmeza en la fe, para que, bajo vuestro amparo, la Iglesia resplandezca como faro de verdad y salvación para el mundo. Amén.


    Jour 7 : Día Séptimo: Asistencia en la hora de la muerte

    Méditation

    Uno de los oficios más importantes de San Miguel Arcángel es el de asistir a las almas en el trance supremo de la muerte. En esa hora decisiva, el demonio redobla sus esfuerzos para arrastrarlas a la perdición. San Miguel acude en defensa del moribundo, ahuyenta a los espíritus malignos y presenta el alma, una vez purificada, ante el tribunal de Dios. Encomendemos desde ahora nuestra última hora a tan poderoso protector, para que nos asista en aquel momento y nos conduzca seguros a la patria celestial.

    Prière du jour

    Glorioso Arcángel San Miguel, que asistís a las almas en su última agonía, os encomiendo desde ahora el momento de mi muerte. Cuando mi alma deba salir de este mundo, sed mi defensor contra el demonio, mi consolador en mis angustias y mi guía seguro hasta el trono de la Divina Misericordia. Amén.


    Jour 8 : Día Octavo: Terror de los demonios

    Méditation

    El solo nombre de San Miguel es terror para los demonios. Su poder, que emana enteramente de Dios, los hace huir despavoridos. Por esto, la Iglesia recomienda a los fieles invocar con frecuencia su santo nombre y recurrir a él en las aflicciones causadas por el maligno, ya sean tentaciones, opresiones o infestaciones. No temamos al enemigo, pues tenemos un defensor más poderoso que todas las legiones del infierno juntas. Su simple presencia basta para poner en fuga a las tinieblas.

    Prière du jour

    Oh San Miguel, terror de los demonios y príncipe invencible, por el poder que Dios os ha conferido, os ruego que me defendáis de toda malicia e infestación diabólica. Que vuestra santa presencia aleje de mí, de mi hogar y de mis seres queridos a todo espíritu maligno, y que bajo vuestra protección podamos servir a Dios en paz y libertad. Amén.


    Jour 9 : Día Noveno: Introductor de las almas en la luz santa

    Méditation

    La liturgia de la Iglesia canta a San Miguel como aquel que introduce las almas en la luz santa: «Signifer sanctus Michael repræsentet eas in lucem sanctam». Tras haberlas defendido en la vida y en la muerte, el glorioso Arcángel tiene el oficio de presentarlas a Dios para que gocen de su visión beatífica por toda la eternidad. Es el último acto de su ministerio para con nosotros. Agradezcamos a tan excelso príncipe su continua solicitud y pidámosle que, al final de nuestro peregrinar terreno, nos conduzca a la luz perpetua del Paraíso.

    Prière du jour

    Benignísimo introductor de las almas en el Cielo, San Miguel Arcángel, os damos gracias por vuestra incesante protección. Os suplicamos que, cuando Dios nos llame a su presencia, vengáis a nuestro encuentro y nos presentéis ante su divino acatamiento, para que, libres de todo mal, podamos cantar eternamente sus alabanzas en vuestra compañía y la de todos los ángeles y santos. Amén.


    Prière Conclusive

    Oración final para cada día

    Récese la siguiente oración a San Miguel, compuesta por el Papa León XIII, y las letanías.

    San Miguel Arcángel,
    defiéndenos en la batalla.
    Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
    Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
    y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
    arroja al infierno con el divino poder
    a Satanás y a los otros espíritus malignos
    que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
    Amén.

    Señor, ten piedad de nosotros.
    Cristo, ten piedad de nosotros.
    Señor, ten piedad de nosotros.
    Cristo, óyenos.
    Cristo, escúchanos.
    Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
    Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
    Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
    Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.

    Santa María, Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
    San Miguel, ruega por nosotros.
    San Miguel, lleno de la gracia de Dios, ruega por nosotros.
    San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino, ruega por nosotros.
    San Miguel, coronado de honor y de gloria, ruega por nosotros.
    San Miguel, poderosísimo Príncipe de los ejércitos del Señor, ruega por nosotros.
    San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad, ruega por nosotros.
    San Miguel, guardián del Paraíso, ruega por nosotros.
    San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, ruega por nosotros.
    San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, ruega por nosotros.
    San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante, ruega por nosotros.
    San Miguel, luz de los Ángeles, ruega por nosotros.
    San Miguel, baluarte de los ortodoxos, ruega por nosotros.
    San Miguel, fuerza de los que combaten por el estandarte de la Cruz, ruega por nosotros.
    San Miguel, luz y confianza de las almas en el último trance de la vida, ruega por nosotros.
    San Miguel, auxilio segurísimo, ruega por nosotros.
    San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades, ruega por nosotros.
    San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, ruega por nosotros.
    San Miguel, consolador de las almas del Purgatorio, ruega por nosotros.
    San Miguel, a quien el Señor encomendó recibir las almas después de la muerte, ruega por nosotros.
    San Miguel, nuestro Príncipe, ruega por nosotros.
    San Miguel, nuestro abogado, ruega por nosotros.

    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.

    V. Ruega por nosotros, oh glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.
    R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

    Oremos.
    Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva, y concédenos, por la intercesión de San Miguel, la sabiduría que nos enseñe a atesorar riquezas en el cielo y a cambiar los bienes de este tiempo por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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