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Salmo 91: Oración de Protección Divina

    Salmo 91 - Illustration prière catholique

    Salmo 91

    Qui habitat in adjutorio Altissimi

    El que habita al amparo del Altísimo,
    morará a la sombra del Omnipotente.
    Diré yo al Señor: Refugio mío y fortaleza mía,
    mi Dios, en quien confío.

    Porque Él te librará del lazo del cazador,
    de la peste destructora.
    Con sus plumas te cubrirá,
    y debajo de sus alas estarás seguro;
    escudo y adarga es su verdad.

    No temerás el terror de la noche,
    ni la saeta que vuela de día,
    ni la pestilencia que anda en la oscuridad,
    ni la mortandad que en medio del día destruye.

    Caerán a tu lado mil,
    y diez mil a tu diestra;
    mas a ti no llegará.
    Ciertamente con tus ojos mirarás,
    y verás la recompensa de los impíos.

    Porque has puesto al Señor, que es mi refugio,
    al Altísimo por tu habitación,
    no te sobrevendrá mal,
    ni plaga tocará tu morada.

    Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
    que te guarden en todos tus caminos.
    En sus manos te llevarán,
    para que tu pie no tropiece en piedra.

    Sobre el león y el áspid pisarás;
    hollarás al cachorro del león y al dragón.
    Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
    le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
    Me invocará, y yo le responderé;
    con él estaré yo en la angustia;
    lo libraré y le glorificaré.
    Lo saciaré de larga vida,
    y le mostraré mi salvación.

    Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
    Como era en el principio, ahora y siempre,
    por los siglos de los siglos. Amén.

    Contexte Historique

    El Salmo 91, conocido por su íncipit en latín ‘Qui habitat’, es una de las oraciones más veneradas de la Sagrada Escritura para implorar la protección divina. La tradición católica lo ha considerado desde antiguo como un poderoso escudo contra los peligros del cuerpo y del alma, las pestes, las asechanzas del demonio y toda adversidad. San Jerónimo y los Padres de la Iglesia comentaron su profunda confianza en la Providencia. Históricamente, se rezaba en la hora de Completas, la última oración del día, para pedir a Dios amparo durante la noche. Los fieles lo invocan en tiempos de tribulación, seguros de que ‘ningún mal les sobrevendrá’ bajo el cuidado del Altísimo.

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