
Oración a Cristo Crucificado
Mírame, ¡oh mi amado y buen Jesús!
Mírame, ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado ante tu santísima presencia; te ruego con el mayor fervor y compasión de mi alma que imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito firmísimo de enmendarme; mientras que yo, con todo el amor y compasión de que soy capaz, voy considerando tus cinco llagas, teniendo presente aquello que dijo de ti el santo profeta David: «Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos» (Salmo 21, 17-18).
Amén.
Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria por las intenciones del Sumo Pontífice para ganar la indulgencia plenaria.
Contexte Historique
Esta piadosa oración, conocida por su incipit latino «En ego, o bone et dulcissime Iesu», es una de las más venerables preces de la piedad cristiana para ser rezada ante una imagen de Cristo Crucificado. Fue enriquecida con indulgencia plenaria por el Papa Pío VII en 1821, y confirmada por sus sucesores. La tradición invita a recitarla con un corazón contrito, meditando en las Santas Llagas del Salvador, especialmente después de haber recibido la Sagrada Comunión.
