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Novena a San Pedro, Príncipe de los Apóstoles

    San Pedro - Illustration prière catholique

    Prière Introductive

    Oración para comenzar cada día

    Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

    Acto de Contrición

    Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

    Oración preparatoria

    ¡Oh glorioso San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, piedra fundamental de la Iglesia de Cristo, a quien el Señor entregó las llaves del Reino de los Cielos! Vengo a tus pies, lleno de confianza en tu poderoso valimiento, para implorar tu auxilio en mis necesidades. Tú que fuiste pescador de hombres, pastor del rebaño de Cristo y mártir de la fe, dirige tu mirada compasiva sobre mí, y alcánzame del Señor la gracia de una fe viva, una esperanza firme y una caridad ardiente. Te ofrezco esta novena en tu honor, suplicándote que presentes mis humildes ruegos al trono del Altísimo. Amén.

    Jour 1 : Día Primero: La vocación de San Pedro

    Méditation

    Consideremos cómo Nuestro Señor Jesucristo, paseando por la ribera del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes, y les dijo: “Seguidme, y os haré pescadores de hombres”. Y ellos, al instante, dejando las redes, le siguieron. Admiremos la prontitud y generosidad con que el futuro Príncipe de los Apóstoles lo abandonó todo para seguir al divino Maestro. Aprendamos de él a no oponer resistencia a los llamamientos de la gracia y a seguir con presteza las inspiraciones divinas, sin apegarnos a los bienes transitorios de este mundo.

    Prière du jour

    ¡Oh glorioso San Pedro, que al primer llamamiento de Cristo lo dejaste todo para seguirle! Alcánzame de su divina Majestad la gracia de responder siempre con un corazón generoso a sus santas inspiraciones, y de preferir su servicio a todas las cosas de la tierra. Amén.


    Jour 2 : Día Segundo: La confesión de fe

    Méditation

    Meditemos el momento sublime en Cesarea de Filipo, cuando Jesús preguntó a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Simón Pedro, iluminado por el Padre celestial, respondió con una fe inquebrantable: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Por esta confesión, movida no por la carne ni la sangre, sino por una revelación divina, mereció escuchar de labios del Salvador las más grandes alabanzas. Pidamos a Dios, por intercesión de San Pedro, una fe viva, robusta y capaz de confesar a Cristo ante los hombres sin temor ni vacilación.

    Prière du jour

    ¡Oh Apóstol bienaventurado, que por la luz del Padre Eterno conociste y confesaste la divinidad de Jesucristo! Suplícote me alcances una fe tan firme que ningún respeto humano me haga vacilar en confesarla, y que esté dispuesto a sellarla, si menester fuere, con mi propia sangre. Amén.


    Jour 3 : Día Tercero: El Primado: “Tú eres la roca”

    Méditation

    Reflexionemos sobre las palabras solemnes con que Cristo confirió el primado a San Pedro: “Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos”. Contemplemos la inmensa dignidad y la tremenda responsabilidad que el Señor depositó en su Apóstol, haciéndolo fundamento visible de su Iglesia y depositario de su autoridad. Oremos por el Sumo Pontífice, sucesor de Pedro, para que el Señor lo conserve, lo vivifique y lo haga feliz en la tierra.

    Prière du jour

    ¡Oh Piedra fundamental de la Santa Iglesia, a quien el Señor confió las llaves del Reino! Te ruego por las necesidades de la Iglesia y por el Romano Pontífice. Alcánzale las luces y gracias que necesita para gobernar al pueblo de Dios, y a nosotros la gracia de una filial obediencia a sus mandatos. Amén.


    Jour 4 : Día Cuarto: La negación y el arrepentimiento

    Méditation

    Consideremos con dolor y compasión la caída de San Pedro en el atrio del sumo sacerdote. Aquel que había prometido morir por su Maestro, lo negó tres veces por temor a una criada. Mas apenas el gallo cantó, Jesús volvió su rostro y lo miró; y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente. Su caída nos enseña nuestra propia fragilidad; sus lágrimas, el valor del arrepentimiento. No confiemos en nuestras propias fuerzas, sino en la gracia de Dios, y si por desgracia caemos, levantémonos al punto con un corazón contrito y humillado.

    Prière du jour

    ¡Oh glorioso San Pedro, que con lágrimas amargas lavaste la mancha de tu negación! Alcánzame del Señor un verdadero dolor de mis pecados y la gracia de llorarlos hasta el último instante de mi vida, para que, como tú, merezca oír de sus labios la dulce palabra del perdón. Amén.


    Jour 5 : Día Quinto: La triple afirmación de amor

    Méditation

    Contemplemos la tierna escena a orillas del lago de Tiberíades. Jesús resucitado, para reparar la triple negación de Pedro, le pregunta tres veces: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Y a cada respuesta afirmativa del Apóstol, le confirma su misión: “Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas”. El amor es la condición para el pastoreo. El Señor no le pregunta por su ciencia o su valor, sino por su amor. Pidamos un amor ardiente a Jesús, que sea el motor de todas nuestras acciones y el remedio de todas nuestras flaquezas.

    Prière du jour

    ¡Oh Apóstol penitente, a quien el mismo Cristo resucitado consoló y confirmó en el amor! Alcánzame la gracia de amar a Jesús sobre todas las cosas, y de manifestarle mi amor con obras, sirviéndole en mis hermanos y cumpliendo fielmente su santa voluntad. Amén.


    Jour 6 : Día Sexto: La predicación en Pentecostés

    Méditation

    Meditemos en el día de Pentecostés, cuando San Pedro, lleno del Espíritu Santo, se puso en pie con los once y, con voz potente, predicó el primer sermón de la Iglesia. Aquel que antes había temblado ante una sierva, ahora, sin temor a los príncipes de los sacerdotes, anuncia a Jesucristo crucificado y resucitado, convirtiendo con sus palabras a cerca de tres mil almas. Ved el poder transformador del Espíritu Divino. Pidamos ser dóciles a sus dones para dar testimonio de nuestra fe con valentía y caridad.

    Prière du jour

    ¡Oh celosísimo Apóstol, que en el día de Pentecostés, inflamado por el Espíritu Santo, convertiste a millares de almas! Te suplico me obtengas una chispa de ese fuego divino, para que, venciendo toda cobardía, pueda yo confesar a Cristo en toda ocasión y trabajar por la salvación de las almas. Amén.


    Jour 7 : Día Séptimo: El poder de sanar en nombre de Jesús

    Méditation

    Consideremos el poder que obraba a través de San Pedro. Al entrar en el Templo, junto a Juan, un cojo de nacimiento le pedía limosna. Pedro, fijando en él los ojos, le dijo: “No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te lo doy: en nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”. Y al instante, fue sanado. No era Pedro quien curaba, sino el nombre de Jesús. Aprendamos a recurrir con inmensa confianza a este Nombre que está sobre todo nombre, y a poner toda nuestra esperanza, no en los medios humanos, sino en el poder de Dios.

    Prière du jour

    ¡Oh bondadoso San Pedro, que en nombre de Jesús sanaste a los enfermos y socorriste a los necesitados! Mírame con compasión en mis dolencias de alma y cuerpo. Intercede por mí ante el Médico divino, para que, si es su voluntad, me conceda la salud, y sobre todo, la gracia de llevar mis cruces con paciencia y para su mayor gloria. Amén.


    Jour 8 : Día Octavo: La persecución y la liberación milagrosa

    Méditation

    Contemplemos a San Pedro en la cárcel, encadenado por orden de Herodes, que quería darle muerte. Mas la Iglesia oraba sin cesar por él. Y he aquí que, en medio de la noche, un ángel del Señor se presentó, las cadenas cayeron de sus manos y fue liberado milagrosamente. Esta liberación nos enseña el poder de la oración perseverante y la protección constante de Dios sobre su Iglesia y sus pastores. En nuestras tribulaciones, no desmayemos; acudamos a la oración con fe, y el Señor nos enviará su auxilio.

    Prière du jour

    ¡Oh invicto Apóstol, que experimentaste el poder de Dios que te libró de las cadenas! Te ruego que rompas las cadenas de mis vicios y pecados que me aprisionan. Alcánzanos a todos la fortaleza en las persecuciones y pruebas de esta vida, y la confianza de que Dios nunca abandona a los que en Él esperan. Amén.


    Jour 9 : Día Noveno: El martirio, corona de la fe

    Méditation

    Meditemos el último y glorioso combate de San Pedro. Llevado a Roma, capital del imperio, estableció allí su cátedra y, después de haber gobernado la Iglesia por muchos años, fue condenado a muerte de cruz. Por humildad, y juzgándose indigno de morir como su divino Maestro, pidió ser crucificado cabeza abajo. Así, con su martirio, regó con su sangre las primicias de la fe en Roma y dio el supremo testimonio de amor a Jesucristo. Pidamos la gracia de la perseverancia final y la dicha de morir en el amor de Dios.

    Prière du jour

    ¡Oh gloriosísimo Príncipe de los Apóstoles, que coronaste tu vida con el martirio, sellando con tu sangre la fe que predicaste! Alcánzame la gracia de la perseverancia final, para que, después de haber luchado en esta vida, merezca recibir en el cielo la corona de justicia que el Señor tiene preparada para los que le aman. Amén.


    Prière Conclusive

    Oración final para cada día

    ¡Oh Santo Apóstol Pedro, a quien el Señor constituyó como piedra angular de su Iglesia! Te suplicamos que mires con ojos de piedad a este rebaño que te fue confiado. Fortalece a los que están firmes, levanta a los caídos, ilumina a los que dudan y protege a toda la Iglesia de los asaltos de sus enemigos. Por tu intercesión, alcánzanos de la divina Misericordia las gracias particulares que cada uno de nosotros implora en esta novena, si han de ser para mayor gloria de Dios y bien de nuestras almas.

    (Pídase aquí la gracia que se desea obtener)

    Rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

    V. Ruega por nosotros, San Pedro Apóstol.
    R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

    Oremos:
    Te suplicamos, Señor, que nos asista el bienaventurado Apóstol Pedro, y que por su intercesión nos concedas el perdón de nuestros pecados y el remedio de nuestras necesidades, para que, ayudados por su patrocinio, lleguemos a la gloria eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

    Contexte Historique

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