
Acto de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús
Yo, [decir su nombre], me doy y consagro al Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, mi persona y mi vida, mis acciones, penas y sufrimientos, para no querer servirme de ninguna parte de mi ser sino para honrarle, amarle y glorificarle.
Esta es mi voluntad irrevocable: ser todo suyo y hacerlo todo por su amor, renunciando de todo corazón a todo lo que pueda disgustarle.
Yo os tomo, pues, ¡oh Sagrado Corazón!, por el único objeto de mi amor, el protector de mi vida, la seguridad de mi salvación, el remedio de mi fragilidad y de mi inconstancia, el reparador de todas las faltas de mi vida, y mi asilo seguro en la hora de la muerte.
Sed, pues, ¡oh Corazón de bondad!, mi justificación para con Dios vuestro Padre, y apartad de mí los rayos de su justa cólera. ¡Oh Corazón de amor!, yo pongo toda mi confianza en vos, pues todo lo temo de mi malicia y de mi debilidad, pero todo lo espero de vuestra bondad.
Extinguid, pues, en mí todo lo que os pueda desagradar o resistir. Que vuestro puro amor os imprima con tanta fuerza en mi corazón, que no pueda yo jamás olvidaros ni ser separado de vos.
Os suplico, por vuestra infinita bondad, que mi nombre esté escrito en vos, pues yo quiero hacer consistir toda mi felicidad y toda mi gloria en vivir y morir como esclavo vuestro.
Amén.
Contexte Historique
Este acto de consagración personal es una de las prácticas de piedad más importantes de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, popularizada por Santa Margarita María de Alacoque en el siglo XVII. A través de esta oración, el fiel se entrega por completo al amor de Cristo, simbolizado en su Corazón traspasado, buscando protección, refugio y la gracia de vivir enteramente para Él. Es un acto de confianza total en la misericordia infinita de Jesús.
